domingo, 8 de febrero de 2015

17/Abril/13

He caminado por el centro de Tampico este día.
Pasé por calles entrañables de mi niñez. Cada esquina me refería a recuerdos que quedaron en el olvido; subí los puentes de los canales con una brisa delicada y apacible que no había sentido hace tanto.

 pero ¿qué es lo que me pasó?, ¿porqué me permitir odiar a mi ciudad de origen?. Sentí algo perdido, algo en vano.

Que tal si lo único valioso fuera recuperar esa tarde de brisa delicada, recuperar los días en los que tuve verdaderos amigos, los buenos días y volver a ser parte de la sociedad común que vive su vida en Tampico.

El regresar a sus serenas tardes, a la apacible costa. Pero... las calles estan desquiciadas...

Cómo quisiera recuperar tantas cosas, dejar a un lado mi estoicismo.
¿Dónde está el hogar una persona? ¿El hogar es el verdadero hogar en el que tenemos que persistir? Acaso la vida de un artista no comienza con el destierro del retrato familiar. Acaso el hogar de un individuo debiera ser el infinito.

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