He caminado por el centro de Tampico este día.
Pasé por calles entrañables de mi niñez. Cada esquina me refería a recuerdos que quedaron en el olvido; subí los puentes de los canales con una brisa delicada y apacible que no había sentido hace tanto.
pero ¿qué es lo que me pasó?, ¿porqué me permitir odiar a mi ciudad de origen?. Sentí algo perdido, algo en vano.
Que tal si lo único valioso fuera recuperar esa tarde de brisa delicada, recuperar los días en los que tuve verdaderos amigos, los buenos días y volver a ser parte de la sociedad común que vive su vida en Tampico.
El regresar a sus serenas tardes, a la apacible costa. Pero... las calles estan desquiciadas...
Cómo quisiera recuperar tantas cosas, dejar a un lado mi estoicismo.
¿Dónde está el hogar una persona? ¿El hogar es el verdadero hogar en el que tenemos que persistir? Acaso la vida de un artista no comienza con el destierro del retrato familiar. Acaso el hogar de un individuo debiera ser el infinito.
domingo, 8 de febrero de 2015
jueves, 18 de abril de 2013
El numero 61
9/abril/13
Pensar que muchos otros en el país estuvieron en la incertidumbre de saber sus resultados y ahora su desilusión se volvió del tamaño de su esperanza. Pensar que muchos otros, como yo, estuvieron ya planeando todo y especulando... La vida en la cosmopolita, bajo esas torres de cuchilla, en el fondo de ese acantilado rodeado de montañas, en la atmósfera maldita...
Observe el número 61 en la red. Ese era el número de mi vergüenza. Sospecho que tal vez el hecho de que me haya equivocado mucho y dejado mi examen en malas condiciones haya cancelado algunas de mis respuestas en el registro de datos...
Mi inmensa esperanza ahora tambien se ve sesgada
Hoy, le he mentido a todos mis compañeros del grupo diciendoles que he entrado a la UNAM, cuando no es así.... pero lo hice porque no quería que pensarán no soy tan brillante. Realmente no tuve reconocimiento en todos estos años.
Hoy he rectificado y confirmado que la desilusión así ocurrió, ahí sigue el 61.
 
Fue un maldito numero 61.
Pensar que muchos otros en el país estuvieron en la incertidumbre de saber sus resultados y ahora su desilusión se volvió del tamaño de su esperanza. Pensar que muchos otros, como yo, estuvieron ya planeando todo y especulando... La vida en la cosmopolita, bajo esas torres de cuchilla, en el fondo de ese acantilado rodeado de montañas, en la atmósfera maldita...
Observe el número 61 en la red. Ese era el número de mi vergüenza. Sospecho que tal vez el hecho de que me haya equivocado mucho y dejado mi examen en malas condiciones haya cancelado algunas de mis respuestas en el registro de datos...
Mi inmensa esperanza ahora tambien se ve sesgada
Hoy, le he mentido a todos mis compañeros del grupo diciendoles que he entrado a la UNAM, cuando no es así.... pero lo hice porque no quería que pensarán no soy tan brillante. Realmente no tuve reconocimiento en todos estos años.
Hoy he rectificado y confirmado que la desilusión así ocurrió, ahí sigue el 61.
 
Fue un maldito numero 61.
lunes, 8 de septiembre de 2014
Contrito
No se que me pasa, no he podido pensar, hay un torbellino...
No he podido leer como lo hacía antes, con total retención y concentración.
No sé si sea porque lo he venido haciendo de manera forzada en los ultimos años, o si acaso no he vivido de verdad, que he vivido a medias.... Me he abstraído y ahora mi mente me exige dejar de pensar, como si... quisiera escapar del logocentrismo.
Lo que más me haría feliz en este momento sería reposar... Pero me avergüenzo de tan solo pensarlo. Y me avergüenza escribir que hoy y mañana (y dentro de un tiempo) quisiera levantar la cabeza de mis páginas urdidas y, sencillamente asomarme por la ventana del cuarto contiguo; mirar hacia el encono... mirar Reforma, cómo hiere del cielo y desgarra al velo etéreo. Quisiera mirar los monumentos geológicos que tengo alrededor, asomarme por mis acantilados, y reposar allí la existencia...
Me acostaría de nuevo
debajo de las mismas torres,
entre el boscoso follaje,
sobre las bancas de piedra,
a la deriva de mi presencia.
No he podido leer como lo hacía antes, con total retención y concentración.
No sé si sea porque lo he venido haciendo de manera forzada en los ultimos años, o si acaso no he vivido de verdad, que he vivido a medias.... Me he abstraído y ahora mi mente me exige dejar de pensar, como si... quisiera escapar del logocentrismo.
Lo que más me haría feliz en este momento sería reposar... Pero me avergüenzo de tan solo pensarlo. Y me avergüenza escribir que hoy y mañana (y dentro de un tiempo) quisiera levantar la cabeza de mis páginas urdidas y, sencillamente asomarme por la ventana del cuarto contiguo; mirar hacia el encono... mirar Reforma, cómo hiere del cielo y desgarra al velo etéreo. Quisiera mirar los monumentos geológicos que tengo alrededor, asomarme por mis acantilados, y reposar allí la existencia...
Me acostaría de nuevo
debajo de las mismas torres,
entre el boscoso follaje,
sobre las bancas de piedra,
a la deriva de mi presencia.
16/sep
Fuentes me ha salvado la vida en repetidas ocasiones. Esta noche lo hizo al verlo en una entrevista con Cristina Pacheco. Muy pocas veces había visto su personalidad mostrada en un programa de televisión. Pero hoy, observe sus ademanes, su léxico y la diligencia con la que se dirigía a la audiencia.
¿Cómo pude olvidar lo que sentía por las letras?
¡Como desdeñar las ansias por el abundante conocimiento!
Me he mantenido lejos por mostrar máscaras de mi propia persona.
Por querer encajar, dejando a un lado lo que más importa..
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